4 de noviembre de 2006

Al menos, una alegría.



Leo con alegría y cierto grado de incredulidad (aderezada esta por un punto de incomprensión que explicaré después) que el Estado va a intervenir en el precio de los libros, una actuación muy necesaria y muy en la línea de lo que debe ser un gobierno socialdemócrata: Favorecer el acceso a la cultura a las clases. La ley de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas promete, de esta manera, incentivar la lectura incluyendo, entre otras muchas cosas, la bajada de los precios de mercado. Me parece increíblemente positivo que el precio de los libros descienda, puesto que soy lector comprador habitual y creo sinceramente que un bien cultural como es el libro debería ser apoyado, incentivado y premiado por el Estado, justo en un momento en el cual el valor de la lectura desciende y el Estado tiene que liderar un plan de Fomento de la lectura en el que TODOS colaboremos: Empresas privadas, editoras, servicios de publicaciones públicos, CCAA, asociaciones culturales, escritores, etc... Pero creo insuficiente cualquier tipo de ley cultural sobre libros que no vaya acompañada de una reforma de las actuales leyes de Educación y sus correspondientes concesiones autonómicas, una reforma que dé más peso a la lectura de libros en los primeros niveles de enseñanza, puesto que, como sabemos, la lectura debería convertirse en hábito.

Pero hay una de cal y una de arena, puesto que la ministra Carmen Calvo anuncia también que se va a liberalizar(palabra peligrosa donde las haya cuando hablamos de bienes culturales) el mercado de los libros de texto(¿incluyendo los manuales de las carreras?), abriendo así campo libre a la competencia entre diferentes editoriales. Y yo me pregunto: ¿Realmente en qué beneficia a los "consumidores" la competencia entre editoriales? En libre mercado, para ser competitivo y rentabilizar sin intervención del Estado, se abaratan costes o bien produciendo menos o bien devaluando la calidad del producto a vender. Y creo que devaluar aún más los ya infumables libros de texto en materias como Historia o Lengua Castellana no es en absoluto positivo para la comunidad escolar en general. Por ello creo que, volviendo al tema de la Educación, los últimos niveles de la Enseñanza Obligatoria y el Bachillerato deberían comenzar a dar independencia a los alumnos no utilizando un libro de texto determinado, sino elaborando temarios previos independientes de cualquier libro, y que los alumnos decidan. Me consta que en algunos lugares de mi CCAA se está haciendo, y no da mal resultado precisamente.

Con estas medidas, y otras un poquito más populistas (aunque positivas en todo caso), creo que, a pesar de todo, favorecen en mucho el actual nivel lector de España, que no es tan bajo como dicen, ni mucho menos.

2 comentarios:

Gemma Ferré dijo...

Me alegro, ya que no pudo ser lo del IVA...
Por cierto, qué chulo es el cartel que has elegido.

Un saludo

Esther dijo...

Pues sí, el otro día leí en la Vanguardia que se había aprobado el proyecto de Ley de la Lectura y el Libro, después de tantas y tantas reivindicaciones de las AMPAs. Aunque no es lo que pedían, la gratuidad de los libros de textos, un seguro de vida para el futuro, según dicen, "a caballo regalado, no le mires el dentado" (no sé si es oportuno el refrán aquí).

Por lo que yo sé, en Catalunya se apuesta por reutilizar los libros, es decir, los colegios determinan que los libros de texto tienen una vida de x años y se van pasando de un alumno a otro, y si alguno se deteriora lo sustituyen por un manual nuevo. De momento, todo parece ir por el buen camino, aunque no sé si algun día nos facilitaran, sin pagar nada, los libros plomazo que nos hacen leer a los universitarios sin demasiados recursos en el bolsillo pero con ganas de comerse el mundo...