12 de noviembre de 2006

"No podemos volver a casa por Navidad"

Hoy me ha llegado una interesante e ingeniosa convocatoria que formula en pocas palabras el derecho a la emancipación y la vivienda digna de los jóvenes españoles. El lema esta vez es el siguiente: "No podemos volver a casa por Navidad porque no nos hemos ido de ella".

Es una convocatoria más de las muchas que, con poco éxito, han circulado en los últimos tiempos por los mails de mucha gente. Una convocatoria que pide concentraciones pacíficas reclamando derechos ciudadanos de esos que la Constitución recoge de forma un tanto ambigua en muchas ocasiones. Una convocatoria que, como todas las demás anteriores, apenas será secundada, a pesar de lo atractivo y lo necesario de la reclamación, puesto que del acomode general de la sociedad en la que vivimos no hay quien nos mueva, a no ser que sea por una razón que de verdad consideremos que daña nuestro modus vivendi. Y sobran los ejemplos.

La movilización social joven vive momentos muy bajos. Los índices de asociacionismo juvenil(que se salvan, curiosamente, por la participación en movimientos deportivos), la participación en órganos representativos de los Institutos de Educación Secundaria y Universidades o de compromiso político como militancia activa nos dan una idea muy clara de la apatía de la mayoría de la juventud en estos términos. Malos tiempos para la lírica.

Y mientras, unos se echan la culpa a otros, y nunca acabamos. La clave reside, fundamentalmente, en la educación y en el ejercicio de la memoria. Educación porque las generaciones que han nacido después del franquismo han ido perdiendo valores sociales y cívicos. Memoria porque se nos ha olvidado que lo que ahora tenemos(Estado del Bienestar, Sufragio Universal, Derechos Sociales y tantas otras cosas) es relativamente reciente(no lleva mucho tiempo) y, por tanto, es frágil. Pero la apatía es más fácil.

No sé si iré a esta convocatoria. Pero lo que sí sé que pocos irán, porque, a pesar de las quejas generalizadas, mi generación ha asumido perfectamente que las cosas no pueden cambiar y que las hipotecas a 50 años(o más) son la única "solución". Solución... de continuidad, por supuesto. Y es que los jóvenes somos el perfecto reflejo de los procesos culturales de las sociedades: Somos lo que han hecho de nosotros. Somos una generación desencantada, que vegeta y está quieta ante todo con una impasibilidad de anestesia terapéutica que debe agradar mucho a la clase política actual, que no hace nada por cambiarlo. Y lo poco que hacen es criticado.

Pero también somos el caldo de cultivo de nuevas ideas y de nuevos pensamientos que, con un liderazgo determinado, pueden florecer. Los cambios sociales están a la orden del día, y, en un futuro, la historia nos recordará. De nosotros depende el calificativo que ésta nos otorgue.

Ahí queda dicho.

1 comentario:

Gemma Ferré dijo...

"a pesar de las quejas generalizadas, mi generación ha asumido perfectamente que las cosas no pueden cambiar y que las hipotecas a 50 años(o más) son la única "solución"

Y los que hemos tenido la suerte de poder organizar nuestra vida antes de que los precios se dispararan tampoco andamos muy receptivos, aunque debiéramos.

Un beso