1 de junio de 2006

El Debate sobre el Estado de la Nación I: Primeras conclusiones.

Los aficionados a la política hemos vivido en estos días, tal y como cada año, el Debate sobre el Estado de la Nación, que, sin duda alguna, este año ha sido jugoso e interesante como pocos que yo he vivido hasta ahora, por su alta carga simbólica del mismo en el ecuador de esta legislatura que previsiblemente no será el último, a pesar de lo que las voces agoreras dijeron en su día.

Pues bien, en este debate se han materializado varias ideas interesantes que conviene exponer y analizar, aún confensado que no he tenido oportunidad de seguirlo en su totalidad. Pero, a través de los momentos que he visto y oido, y gracias a la lectura de muy diversas opiniones, creo que se puede hacer un diagnóstico clínico del Estado del Debate sobre el Estado...

En primer lugar, cabe decir que el presidente José Luís Rodríguez Zapatero, al margen de todo tipo de opiniones políticas, sigue colocándose a la cabeza del panorama político español, por una razón muy sencilla, que no es otra que la tranquilidad que emana. Esa tranquilidad que emana(seguramente mezcla de una buena formación en comunicación no verbal y de sus propio carácter personal) al hablar choca frontalmente con los derroteros de los exponentes de la cúpula popular, caracterizados últimamente (y más aún que en otros momentos de estos últimos dos años) por un nerviosismo existencial y un nivel de crispación in extremis que ya le hubiese gustado al anterior presidente, José María Aznar. Repito: Al margen de contenido político, esa imagen totalmente opuesta al radicalismo y a la rabia incontenida es lo que le da credibilidad y entereza al presidente, que vemos que en todo imprime su sello personal de aquel famoso "cambio tranquilo".

Entrando en materia, y tras ese apunte que podría corroborar cualquier espectador medio, en el terreno político la situación ha estado, la verdad, bastante tranquila, por un lado gracias a la increíble cantidad de documentación con la que el presidente se dedicó a desmontar cada uno de las frases hechas de Mariano Rajoy y sus voceros, y por otro gracias a la actitud crítica pero constructiva de los restantes portavoces de los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados. Es algo totalmente lógico y comprensible: Queda un año para los próximos comicios electorales autonómicos y municipales, y todos intentan mostrar su buen hacer y su capacidad constructiva de cara al gobierno municipal y/o autónomico, a corto plazo, y de cara a la estabilidad parlamentaria del próximo gobierno nacional, en una superior instancia temporal.

Para Rajoy ha sido uno de sus peores momentos como líder político. Prueba de ello es que en la ya tradicional quiniela del día después, Zapatero le ha ganado sobradamente. Este día seguramente haya marcado un declive en el interior de su partido, que se replantea con más miedo que vergüenza su futuro electoral más inminente, habiendo decidido ya sus cabezas de lista en las diferentes autonomías. Rajoy se juego mucho en este año que le queda por delante, mucho más que Carlos Floriano, que Javier Arenas o que cualquier otro dirigente, ya que la derrota es algo que él, personalmente, no se puede permitir, ya que él no está puesto por decisión(y por tanto responsabilidad colegiada) de sus compañeros, sino por el autoritarismo dedocrático de Aznar. Y claro, eso limita bastante la credibilidad de uno, sobre todo cuando por detrás hay líderes disputándose la pugna por la Moncloa popular...

1 comentario:

Caty dijo...

Si hasta el quijotesco Losantos ha calificado de "tonta" al señor Rajoy, nos podemos imaginar lo que internamente se estará hablando en las filas populares. No tocándose como no se ha tocado el tema de ETA, el Partido Popular ha perdido una de sus grandes bazas: ya lo vimos cuando se anunció el alto el fuego. El estatuto de Cataluña es un tema ya depurado y encarrilado...así que, ¿Qué les queda pues?...seguir actuando como "pollos sin cabeza" disparando, como diría Clint Eastwood,"contra todo lo que se mueva". ¿La pega? que cuando uno no tiene argumentos sólidos en sus reivindicaciones, tarde o temprano te explota el cargador en la mano.