
Parte con buenas perspectivas, con el apoyo de la mayoría del electorado demócrata, y con la popularidad que da ser la mujer de un polémico ex-presidente. Una popularidad con la que ha sabido jugar muy bien, mostrándose siempre como la mujer estricta, entera pero comprensiva que le perdonó a su marido uno de los mayores escándalos de la época. Esa fama de ecuánime, trabajadora y a la vez mujer templada y hasta cierto punto misericordiosa puede jugar mucho a su favor en un país en el que, para bien o para mal, cualquiera puede llegar a ser presidente. Y la prueba la tenemos en estos mismos momentos.
Por el otro, veo la polémica que ha suscitado la cena-homenaje a Emilia Guijarro en Cáceres.

Esta mujer, militante histórica del PSOE,y ex-directora Provincial de Educación desde hace unos días, ya jugó a superponer sus intereses personales a los del PSOE al manifestar como ilegal la candidatura de Carmen Heras a la alcaldía de la ciudad, aún contraviniendo una norma acatada por estatutos: El candidato o candidata para las poblaciones de más de 50.000 habitantes viene ratificado desde los Comités Federal y Regional. Y todo es un problema de reconocimiento personal frente al prestigio de la que un día fue una persona de su estrecha confianza, y de la que fue número dos: Carmen Heras.
La última, entonces, ha sido hacerle un homenaje tras el cese de su cargo, con el único afán de mediatizar aún más (si cabe) su oposición al sector de Carmen Heras, e intentar plantar el germen de la oposición interna a la más que segura candidata socialista, haciendo daño si es necesario a las grandes posibilidades del PSOE en Cáceres y a la propia credibilidad del partido. La historia de los intereses personales nunca ha sido buena, y ya lo está pagando. Y me duele aún más cuando se trata de algo tan serio como el relevo político, ideológico y generalcional en el Ayuntamiento de Cáceres, tan necesitado del mismo. Cabe decir, por si no fuera suficientemente claro, mi total apoyo a la candidatura de Carmen Heras, que reúne los requisitos necesarios para gobernar la ciudad: Constancia, entrega, trabajo y experiencia.
Como vemos, Hillary y Emilia son dos claros opuestos en la vida política. Al menos para mí, tal y como puede verse en mis recciones.
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