
Con todo lo acontecido en estos últimos momentos, ni mi conciencia ni mis sentimientos ni mis ideas me permiten acabar el año sin hacer una breve reflexión de lo que han sido estos últimos dos días, siempre con mesura, cuidado y pensando en la multiplicidad de reacciones que hemos tenido la oportunidad de ver en los diferentes medios de comunicación.
Lo primero que quiero expresar es mi total y absoluta condena por esta atentado de ETA, cosa que otros no han hecho. Este atentado marca un hito en todo el proceso político que se está viviendo, y debe ser muy tenido en cuenta de ahora en adelante, ya que, aunque no haya habido comunicado previo, y por mucho que diga Otegui, ETA desaprovecha la oportunidad de ajustar cuentas consigo misma y con su pasado que le brindaba el gobierno desde la más estricta legalidad y el máximo respeto a las víctimas. Por tanto, no me tiembla la mano en decir que quien ha roto el proceso es ETA. La culpa de que haya habido un atentado es de ETA, única y exclusivamente.
Por mucho que la brunete mediática culpabilice al presidente y lo inste a dimitir, creo que la transparencia informativa y la crudeza realista de su intervención ayer merece elogio, ya que creo que José Luís Rodríguez Zapatero fue muy valiente al abordar un tema de Estado que ninguno de los 4 anteriores presidentes democráticos pudieron resolver, aún sabiendo que una situación como esta podría ocurrir. Algunos le exigen que pida perdón, justo los mismos que jamás han pedido perdón por insultarle, justo los mismos que han incurrido en delito, y justo los mismos que jamás protestaron ante el proceso que inició José María Aznar (que recordemos fue apoyado por la oposición al completo). Ante esta llamada intransigente sólo me cabe pensar que hay parte de la población, de una tendencia política muy meridianamente determinada, que se alegra sinceramente de que Zapatero haya encontrado obstáculos en el proceso (reitero: desde la más absoluta legalidad y cumpliendo con las normas del Estado de Derecho). Y lo digo sin pararme a dudar que quieran el fin de ETA, que seguro que lo quieren, pero tampoco dudo de que estas personas no quieren que el actual ejecutivo acabe con ETA, porque no conviene a sus intereses personales y políticos, por una razón muy sencilla: Si ETA es derrotada, se habrían vuelto a equivocar en sus vaticinios sobre el gobierno de Zapatero, al igual que ya hicieron con el tema económico, con el 11-M, con la supuesta ruptura del Estado y con otras tantas cuestiones. Esta gente son incapaces de admitir que, salvando las distancias políticas, Zapatero hace las cosas bien.
Hay gente que, le pese a quien le pese, no quiere la paz ahora, aunque sí la quería en el 98.Y eso es algo ruín y miserable, digno de gente que antepone unos intereses electoralistas muy determinados al destino de un país y de la totalidad de sus ciudadanos.
Por esta cuestión, y ante la vergüenza ajena que me produce escuchar audios como este, lo tengo clarísimo:
YO ESTOY CON EL PRESIDENTE.